Todo empezó con una discusión absurda. Una de esas que, en frío, no merecen ni un minuto más de atención. Pedro había aparcado su coche en la misma plaza de siempre.
Todo empezó con una discusión absurda. Una de esas que, en frío, no merecen ni un minuto más de atención. Pedro había aparcado su coche en la misma plaza de siempre.